El Sargento Livingstone.
San Fernando, a 19 de Marzo
Ante todo sepa Vuesa Merced que Estoy bien, gracias a Dios, y que espero que al recibo de la presente Vuacé tambien se encuentre bien de la salud y la hacienda, que corren tiempos revueltos para ambas cosas y es menester el cuidar ambos a un tiempo.
Como sabeis fuí reclutado por la Milicia de nuestro Rey, el Primero de los Juan Carlos, que Dios guarde, para servir de nuevo en sus ejércitos, que anda falto de gente que se juegue las asaduras por tan escasa paga. Pero es conocido que tengo merecida fama de apuntarme tanto a un asalto con toledana, como a una jarana con buen vino y si ambas cosas vienen parejas no hay cristiano que dellas me aparte sin riesgo de grave riña. Por lo que me dispuse presto a servir como Nuestro señor nos dió a entender a todo Cristiano viejo, que no se tenga en duda por infiel o descastado de patria.
Tras un largo viaje por los caminos que unen la corte de el pequeño pueblo de San Fernando, meincorporé a mi Unidad en la que me recibieron holgandome de buenas viandas y vino. quizas para que no me arrepintiera y huyera aprovechando las sombras de la noche y buscando aventuras u holganzas mas provechosas.
En la compañia conocí a mis nuevos compañeros de Armas. Ya puede imaginar vuacé la tropa... Nos vistieron con las divisas de su Majestad Catolica y asearon el Cabello de los mas desarrapados otrofuera que los confundieran con herejes o endemoniados en el campo de batalla.
Resprcto a mi cabello... Ya sabe vuestra Merced mi condición de poco frondoso, con lo que el barbero maldiciendo mi estampa y mis ancestros hasta witiza, que de buena cuna me holgo de proceder. Dió media vuelta y partió no sin repelar las barbas de un Malagueño que reia por lo bajini.(o estaba a punto de estornudar, como el protestaba mientras era esquilado).
Aun no nos han dado arcabuz ni hierro alguno, por lo que nos tememos que tendremos que fatigar con los moros y herejes, que dios confunda, a razón de insultos y lapos. Habilidad que es mucha en alguno de mis compañeros de armas.
Por la noche se nos habilito lumbre y jergón sin duda comodos tras el penoso viaje y si no fuera por el intento de un par de malencarados de medir el bazo con la hoja de una daga, a un Leones llamado tocao, que roncaba como un autentico hideputa. La noche hubiera transcurrido plácida como una tarde de verano en la taberna del Colonial que tanto añoro.
Así me despido por hoy. pero prometo a Vuacé tenerle informado de mis aventuras con la celeridad que la posta y mis obligaciones militares me permitan.
Queda de Vuesa Merced.
El Sargento Livingstone